Si, yo le pregunté
Por R. Gabriel, el autor del blog
En pleno 2026, a casi 14 años de haber entrado, por primera vez, en el mundo de los blogs, yo le pregunté a la IA qué chiste tenía escribir si ya casi nadie quiere usar el celular para leer. La IA, tan frívola, arrojaba un análisis de lo que podría significar un blog en pleno 2026. Usaba palabras triunfales como "Acto de rebeldía" o "Arquelogía digital" y luego me quedé mirando y configurando este espacio.
¿Qué quiero para este blog?
Digo. Porque en este punto, si no se leyeron los tres o cuatro blogs anteriores a este ¿Por qué querría yo hacer un blog de nuevo?
La historia data de cuando tenía mis intereses clavados en la escritura creativa. De prosa, pues. En ese delirio gustoso de decir "Mamá, me gustaría ser escritor" pues si, escribí. Escribo, aún, no por nada estas lineas son orgánicas: las escribe un sujeto detrás de un monitor en una oficina en algún lado del mundo.
Buscando, precisamente, crear su mundo.
Un mundo donde estas letras, salteadas con soledad, no estén archivadas sino que sean consultadas y no como un viejo pergamino de conocimiento, sino como el testimonio de mi aventura sea, por si mismo, un acontecimiento que acompañe, como una carta abierta escrita para el que caiga incauto en este destino que si existe pero no del todo.
Ya me confundí.
Otra vez.
¿Qué quiero para este blog?
Yo le pregunté a la IA para qué serviría. Me dijo que para archivar mis acontecimientos. Ok.
¿Y qué sabe la IA de preservar?
Es superflua, es mecánica, es frívola aun con esa mascarada de amabilidad y cortesía. Si, desde luego, no es un error ni es un problema, porque el problema es nuestro por usarla. Yo le pregunté por el juego, por la idea, por la canción y me respondió, diligente. Me dio datos, aseveró que yo tenía razón en mis argumentos.
Y luego me dice que un blog es la herramienta ideal para salvaguardar mi identidad como usuario de internet, como el tipo que pasó -y pasará- años de su vida, enteros, leyendo, viendo, descifrando, sufriendo y siendo partícipe de como la sociedad ha pasado de caminar mirando al frente a caminar mirando a su celular. Y no conforme con ello, pasó de ver los pocos y raquíticos cibercafes de su ciudad se tornaron barberías, o tiendas, o cafés a secas. Porque también hay que decirlo: nací en la transición, en el noventa y tres, y me tocó ver como nuestro mundo se giró de cabeza y ahora henos aquí, viendo videos de quince segundos, o dos minutos -tanto da- porque pues las cosas deben ser así, dicen los que más saben: la tecnología es para el entretenimiento y nada más.
No hay una historia detrás. No hay un acontecimiento que nos haya marcado. Llegaron y vieron que ahora los celulares se compran casi por kilo y las baterías chorrean los enchufes para que siga viviendo el celular.
¿No sufren los celulares?
Digo. Si lo piensas están despiertos -o a la espera, standby- veinticuatro siete porque casi todos los incautos no los dejan dormir, ni siquiera los dejan morir de la batería. Si yo fuera el celular... oh. Soy -somos- como un celular. Que maldición ¿No?
Que no se diga que no les pregunté, pero no es que me vayan a responder de todos modos.
Así que, regresando.
Si, creo que serviría ver si este proyecto funciona, otra vez. Porque le pregunté a la IA. Si, yo le pregunté. Y su respuesta me convenció, así frívola y cruda como es. Me dice la muy solemne que un blog, a estas alturas de la vida, es un archivo de información que quedará a la espera de que alguien venga y diga "Oh, por azares del destino me topé con el blog de este Veracruzano asiduo a las computadoras" y se quede con algo de lo que yo tengo que decir. Lo poco o mucho.
¿Y si nadie viene?
Pues qué más da. Quedará para la posteridad. Quizá mis hijos lo lean algún día, si no es que el apocalipsis nos alcanza en forma de una bomba que nos incendie a todos. O que de una vez por todas las pantallas, radiantes y vulgares, se tornen oscuras porque se acabó la electricidad en el mundo y todos los electrónicos se frían definitivamente y regresemos a la carreta y al caballo y a la tierra arada y las velas y los libros a mano.
Muy apocalíptico ¿No?
En fin. He aquí la propuesta. El blog existe. Se queda, perpetuo, en sus letras, en sus imágenes -Si es que pongo- y en su memoria impresa en cada detalle. Yo vivo, otro lee. Eso dijo la IA porque pues si, yo le pregunté. Y lo hice porque por ahora no hay con quién charlar al respecto, pero probablemente, si esto funciona y se vuelve una pequeña comunidad de lectores asiduos, pues probablemente pueda charlar de esto con alguien que esté del otro lado de una pantalla.
Y entonces cuando todo lo demás fracase, pues aquí estaré charlando con un tipo como yo, aficionado a la tecnología y a la computación con sabor a suburbios grises, a soledad en una habitación, a cables rondando como tripas en la mesa del carnicero; a las luces titilando y el polvo sobre una mesa llena de papeles y restos de tonterías como juguetitos o clips o pendrives llenos de información superflua. Es más, por qué no:
¿Y si mandamos al diablo a todos esos YouTubers de tecnologia? Si, esos que tienen los escritorios limpiecitos y ordenados y las luces y los mil juguetes en la vitrina y la colección de pendejadas de lo retro. De los que se visten "acá" y hablan con la jerga de los pendejos que se tragaron el discursito de los gringos cuando dicen "Es un co-op de couch gaming retro de las arcades y solo tienes que dar clic en la descripción y dame follow"
Por eso me caen mejor los argentinos: ellos se criaron en los cibers jugando al Counter Strike. Admiro a los brasileños que le dieron duro a su propia industria del videojuego porque ellos si vivieron una carencia dura y fea con el Sega y ahora son los más perros para el hack de ROMS (¿Has tocado el Ronaldinho Campeonato Brasileiro 98?). Y acá en México ¿Como olvidar cuando empezaron a animar en Macromedia Shockwave? La creatividad no tenía límites. Ahorita son tan genéricos.
Pero eso no le pregunté a la IA. Le pregunté para hacer un blog. Le pregunté qué sentido tendría. Y bueno, aquí estamos. Dándole sentido. Porque por ahora no me parece idóneo decirle al mundo, vía video, que este o tal juego es mejor, o que mi andanza instalando juegos viejos y navegando por los recónditos archivos del Archive.org, o contarles, haciendo el patético llorando frente a la cámara (No me gusta cuando lloran frente a cámara, se ve forzado) alguna trágica historia que me ocurrió. No, mejor escrito. De todos modos lloraré si me duele al escribir, de todos modos la historia que cuente será mía.
Ojalá algún día se lea esto. Si no, tampoco me tiraré del puente más cercano a mi, pero sería una pena ¿No? Sería una pena desperdiciar el tiempo viendo pantallas y descifrando lo que otros ya lograron descifrar, pero no es lo mismo que un europeo anglo parlante te lo cuente, o que un indio con acento bien marcado te platique la solución. Quizá si lo hace un hispanohablante promedio te lo cuenta como un buen conocido te sientas más atraído.
Y si te preguntan por qué lees un blog en lugar de buscar un video tutorial, diles que lo haces por la paciencia en los tiempos de la velocidad, por el gusto y criterio propio y porque a final de cuentas ¿A ellos que les importa?
Algo así me dijo la IA. Creo. Palabras más, palabras menos. Porque si: yo le pregunté.
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